sábado, 8 de mayo de 2010

Historia de Un Huevo



Historia de un Huevo

          Nunca se habría imaginado aquel huevo, de haber tenido la capacidad de pensar (lo cual es completamente absurdo), que su existencia no estaba destinada a caer en el sartén de un cruel chef para ser la próxima víctima de un suculento desayuno. Tampoco se pudo haber imaginado que el destino no le habría provisto con la oportunidad de llegar a ser un pollito algún día y aprender a picar los gusanos de la tierra y producir un pío-pío desde su  tierno pico, ni que se convertiría en el próximo campeón de las galleras clandestinas de la isla. Como pensar (si pensar pudiera), que sería tan distinto a tantos otros huevos semejantes a él; que culminarían su breve existencia esperando en un paquete refrigerado a ser el revoltillo del siguiente día.  No, este huevo habría de tener un destino mucho más grande y trágico que los últimos diez mil huevos empacados y procesados en este país.
          Había sido puesto un día temprano en la mañana, y nunca tuvo la oportunidad de compartir con su madre. Ella había sido llevada poco después de su nacimiento, a una pequeña jaula en un enorme salón con cientos y cientos de jaulitas con gallinas parecidas a ella. Le habían cortado parte del pico y la habían torturado con inyecciones como habían hecho con todas ellas. Su vida, sin embargo, era sumamente simple; comía, bebía, dormía, defecaba y ponía huevos. Esa era su rutina, pero sin nunca llegar a conocer a ninguno de sus polluelos, pues siempre se lo llevaban tan pronto eran puestos por ella. No que a ella le importara, realmente no sabía lo que ocurría. Y con su hijo, nuestro protagonista, no fue distinto. Fue puesto un día como cualquier otro y rodó sobre la inclinada rejilla metálica, pasando por debajo de una rendija que le llevó hasta un canal metálico justo afuera de la pequeña jaula donde fue puesto.
          Sobre este canal rodó delicadamente junto a otros miles de huevos acabados de poner, hasta llegar a una máquina que los transportaría a un centro donde habrían de ser procesados como si fuera un campo de concentración aviculturero. De haber tenido nuestro huevo habilidades cognoscitivas, ciertamente estaría confundido por todo lo que pasaba a su alrededor. Había mucho ruido de maquinas, y extrañas vibraciones por todas partes mientras se iba moviendo lentamente  hacia un lugar oscuro que le habría provocado miedo a cualquier ser viviente. Y no sin razón, pues tan pronto llegó el huevo al interior oscuro de esta máquina, todo se detuvo de repente, el movimiento fue convertido en un ruido acompañado de agua hirviendo y una solución química que los iba mojando e higienizando. Por suerte, nuestro huevo no tenía la capacidad de sentir, de lo contrario esta primera y última ducha de su corta existencia le habría servido de indecible tortura por la alta temperatura del agua.
          No tardó en llegar a un lugar en que sería clasificado por unas computadoras en términos de calidad. Y claro que este huevo no podía ser sino de la más alta calidad. Hubo algunos que fueron clasificado grado B y otros de grado A; incluso hubo algunos que pasaron por el grado de Pérdida de Calidad y fueron separados de este grupo para convertirse luego en yema pasteurizada. Pero no había duda que nuestro huevo era  de calidad AA. Así que una vez honrado con los más altos estándares de calidad, continuó su aventura al ser llevado por una vía de cepillos rotantes que conducían a un área nueva, donde cada huevo era colocado en una especie de cajita hecho de un material suave. El huevo, junto con otros once de igual calidad y tamaño fueron colocados por la máquina en una de estas cajitas, y en cuestión de segundos, todo se volvió a oscurecer.
          Lo próximo que supo el huevo, volviendo a suponer que habría tenido alguna especie de pensamiento, era que estaba dentro de la caja, todavía a oscuras pero en un lugar muy frio. Ahí permaneció por muchas horas, hasta que de momento se escucharon unas voces y se sintió un movimiento.
-¿Pa’ donde es que iba este cargamento?- preguntó una de las voces.
          -Vas a dejar mercancía en los Wolmal de Humacao, Fajardo, Canóvanas, Carolina y Bayamón- contestó la otra voz.
          -Diantre, la ruta está larga desde Mayagüez… ¡y la gasolina que está tan cara!
          -Pues, mi’jo así es la vida. Pero mientras menos lo pienses, más rápido llegas.
          El huevo sintió como fue colocado todo el cargamento en el cual estaba dentro de otro lugar refrigerado. Luego de que las voces callaron se sintió un estruendo como de una maquina prendiendo y luego hubo movimiento otra vez. Por casi tres horas este movimiento prosiguió de forma intermitente, pues a veces era continuo y a veces se detenía. Llegó un momento en que todo el movimiento se detuvo y las personas de las voces se escucharon y se pudo sentir un poco de luz y calor entrar al lugar donde estaba el huevo. Parecía que iban sacando muchos de los empaques con múltiples cajitas de huevos. Sin embargo a nuestro amigo no le tocó quedarse ahí en esa parte de su extraña travesía. Luego de alrededor de media hora, la luz se volvió en oscuridad y el calor en frio y el movimiento comenzó otra vez luego de otro estruendo. Esta travesía fue más breve, pues en alrededor de media hora se habían detenido nuevamente. La luz penetró al espacio frio y oscuro y el huevo sintió que el cargamento en que estaba se movía otra vez mientras aquellas voces hablaban de nuevo.
          -¿Eran quinientos pedidos pa’l Wolmal de Fajardo, verdad?
          -Ajá.
          El huevo sintió como fue conducido a un enorme edificio  donde fue dejado en otra área fría y oscura. Los hombres de las voces se habían ido y todo quedó en silencio, excepto por un murmullo que se escuchaba más allá de unas paredes fuera del lugar frio y oscuro donde estaba el huevo. Ahí permaneció por varias horas, hasta que más tarde se escucharon unas voces nuevas entrando al área fría y oscura, acercándose hasta donde estaba el huevo y moviendo el cargamento hacia un área mas iluminada. Ahí fueron desmantelando el cargamento y colocando las cajitas individuales de las docenas de huevos en una especie de refrigerador, pero mucho más iluminado que los demás en que había estado ese día el huevo. Tuvo la suerte de quedar en la parte superior del montón de cajitas de docenas de huevos en ese iluminado refrigerador, y permaneció allí por bastante tiempo.
          Si fuera como nosotros ese huevo, sin duda habría encontrado este lugar el más interesante de todos. Pasaba mucha gente a cada hora, y parecía que nunca estaba vacía. El murmullo del tumulto, las voces que hablaban sobre el altoparlante le habrían parecido al huevo casi mágicos. Llamaban en ocasiones a algún empleado, en otras anunciaban especiales. Pero más interesante que el mágico altoparlante del lugar, eran las voces de la gente que pasaban frente al huevo.
          -Los huevos están muy caros- comentó un señora al pasar- y la leche también. ¡Ay Dios santo, en este país ya no se puede vivir! Y tu pai sin trabajo…
          -¿Qué hacemos entonces mami?- le comentó otra voz femenina y juvenil.
          -Pues deja los huevos, y no te cojas un galón completo de leche, sólo medio galón, porque las cosas están malas.
Otros, sin embargo, pasaban y parecían estar un tanto menos preocupados.
-Ves lo que te digo, la gente tanto hablar de que las cosas están malas pero vienes a Wolmal y siempre está lleno- dijo otro hombre de mediana edad. Entre tanto, pasaban las horas y el huevo (suponiendo que pudiera escuchar) captaba lo que decía la gente. La palabra desempleo la escuchó muchas veces, también escuchó despidos, cupones, crisis y otras tantas palabras. Pareciere que al pobre huevo, quien no tenia culpa de nada, había sido puesto en un mundo lleno de preocupaciones y dificultades. Pero claro, siendo huevo, nada de esto le debía molestar. Y sin embargo los seguía escuchando.
Siguió transcurriendo el tiempo, y en cierto momento todo se volvió más silencioso y las luces menguaron, aunque no en completa oscuridad. Ya sólo se escuchaban pasos ocasionales en la tienda, y los murmullos de ciertas personas aquí y allá, de modo que esta monotonía hubiera puesto dormir al huevo, si dormir pudiera. Pero como no podía dormir, el mundo siguió su rumbo delante de él hasta transcurrido bastante tiempo. Se volvió a iluminar el sitio y poco a poco el espacio se empezó a poblar de muchas voces pasajeras que hablaban de un sinfín de cosas. Y otra vez escuchaba el huevo las palabras: desempleo, crisis, cupones, despidos.
Pero ese día le tocó una fortuna distinta. Escuchó una de esas voces otra vez, y si tuviera la capacidad de recordar, habría reconocido la voz como el de la mujer que había escuchado el día anterior con su hija.
-Vamos a llevarnos un paquete de huevos esta vez mi amor, que mami me prestó unos chavitos, bendito...
-¿De verdad?
-Sí, pero no le digas na’ a tu pai, que ya sabes que a él no le gusta que le ande pidiendo chavos a mis papas.
-Sí, está bien, ya lo sé.
-Vamos a llevarnos esto y después pasamos un momentito por la panadería a comprar una libra de pan soba’o y le hacemos un desayunito pa’ alegrarle el día.
-Ay sí, que lleva cuatro años ya sin poder trabajar, desde que cerró la base.
-Y ahora con el gobernador botando a tanta gente, ya no le queda ni esperanzas de que pueda trabajar. Yo no sé qué vamos a hacer si las cosas no mejoran pronto…
El huevo sintió que se estremecía su cajita y que se movía nuevamente hasta ser colocado sobre otro objeto. Luego sintió una fuerza que empujaba al otro objeto, una fuerza que venía al parecer de donde estaban las voces que hablaban. Estas continuaron con diversos diálogos mientras recorrían el lugar que ellas llamaban Wolmal, hasta llegar a un lugar donde se detuvieron. Se escuchaba el murmullo de todas las voces alrededor junto con un constante bip-bip. Una nueva voz cercana parecía sólo mencionar cifras:
-Cuarenta y dos con sesenta y nueve. Veinte con treinta y dos.  Cincuenta y cuatro con noventa, etc.- hasta llegar las dos voces que habían llevado el huevo hasta este lugar, y luego de un par de bip-bips la voz les dijo- Dieciséis con nueve.
-¿Ves lo que te digo? El dinero se le hace na’ a uno. ¡No se compra más que dos o tres chucherías y mira cómo se van los chavos!
Luego de esto el huevo sintió que colocaron su cajita en un recipiente fino que hacía mucho ruido tan sólo por moverlo, y que no se sentía muy firme. Sintió que lo cargaban hasta salir del sitio. No tardó en ser colocado sobre otra superficie suave y de repente escuchó un estruendo semejante al que había escuchado el día anterior por la mañana y luego movimiento. El viaje no fue largo. Se habían detenido en un lugar con muchos edificios pequeños y ahí el huevo sintió otra vez que lo movieron mientras seguía en el recipiente ruidoso en que estaba y lo llevaron hasta el interior del edificio frente al cual se habían detenido.
-¿Los guardo mami?- preguntó la voz más joven.
-No. Déjalos sobre el gabinete que ya mismo me voy a poner a preparar el desayuno. Vete y despierta al vago de tu hermano- esta obedeció, colocó el recipiente sobre el gabinete y se fue. Mientras tanto se escuchaban voces a los lejos, pero no de personas presentes. Provenían más bien todas de un sólo lugar como de un objeto o máquina. El huevo de haber podido, habría reconocido los temas que provenían de aquellas voces: 30,000 despidos, miedo, indignación, crisis, desempleo…
-¿Escuchaste eso mi amor?- dijo otra voz más grave que las dos que habían hablado hasta entonces- ¡Ya van por 30,000 los despidos! Y nosotros que votamos por él…
-Pues, ya tu sabes, nos cogieron de zánganos a todos.
-Eso no se hace, meterse con el arroz y las habichuelas de la gente...
-Así es, pero por lo pronto vamos a coger las cosas con calma ¿si? Te voy a preparar un desayunito y ya vas a ver qué bien te cae.
-¿Y de dónde sacaste los chavos pa’ to’ esto?
-Los tenía guardado, por si acaso…- dijo ella mintiendo.
-No me digas…- respondió él incrédulo.
Se quedó en silencio mientras ella prosiguió con sus preparaciones. El huevo sintió cuando ella abrió la caja y fue sacando uno a uno de sus compañeros de la caja. De haber tenido ojos cuando ella abrió la caja. Habría visto un panorama triste. Los muebles eran humildes y sus vestimentas también. Cuando abría el refrigerador, vería que estaba mayormente vacía. Sobre el hombre se había acumulado el estrés y la preocupación de los últimos cuatro años de su vida. Su mujer, mientras tanto, parecía que intentaba ser la fuerte en medio de toda la situación, tanto por su esposo como por sus hijos.
El huevo fue el último en la caja. No había sido tomado como habían sido los otros para el desayuno. Permaneció ahí mientras los cuatro comían su desayuno sobre la mesa.
-El gobernador va estar en el municipio hoy hablando de un nuevo proyectito- dijo el hombre una vez acabado de comer.
-¿De verdad?- le respondió su mujer casi sin interés.
-Sí, y escuché que va a haber una manifestación allá al frente. Voy a ir. Ya no nos podemos quedar callao’s ante todo esto que está pasando- la mujer tornó su mirada a su esposo con algo más de interés.
-Bueno, mi vida, tu sabes que yo te apoyo en todo.
-Bueno, pues iré.
Luego de esto hubo algo más de silencio. Sólo se escuchaban las voces que venían de aquella maquina que ya nadie observaba, y seguían hablando de los mismos temas: crisis, desempleo, despidos, miedo, indignación, mentiras, corrupción.
Todos se habían ido a realizar sus quehaceres sin percatarse que habían dejado al huevo sólo sobre el gabinete. Así que cuando el hombre salió vestido desde su habitación para ir a la manifestación, cuando vio que todavía estaba el huevo solitario sin guardar, hizo gesto como si fuera  a guardarlo. Pero entonces algo se le ocurrió. Era como si en ese momento el destino los hubiese unido, y si el huevo hubiese tenido la capacidad de sentir, sin duda lo habría sentido también. No podía el hombre dejar este huevo sobre el gabinete, ni podía guardarlo en el refrigerador. Se lo habría de llevar con él para cumplir con algún extraño designio. Así que el huevo sintió cuando el hombre extendió su mano y lo puso dentro de una pequeña bolsa que colgaba se su cintura, y sintió el movimiento del hombre al salir del edificio.
El lugar no era lejos de donde ellos estaban. Había algo de tumulto en los alrededores del sitio. Si el huevo estuviera fuera del bolso y pudiera ver, habría visto a mucha gente de la prensa, a los policías, y a los curiosos que no tenían nada que ver con la actividad. También estaban ahí los manifestantes con sus pancartas que decían: gobernador embustero, abusador, corrupto. El hombre se había detenido junto a los manifestantes con sus pancartas. Pero luego decidió colarse entre la prensa y se sentó en una de las sillas de atrás. Había un podio con un cartel al lado que decía:
Inversión 8.2 millones: Terminal de Lanchas de Fajardo… Gobierno en Acción
El gobernador llegó poco después con toda su escolta. El hombre se mostraba algo inquieto ya, el huevo lo podía sentir. El tumulto de momentos atrás se disipó y quedó un silencio momentáneo que fue suplantado por el hablar de otra voz, que el huevo, de haber podido captar, se habría dado cuenta que era la voz del gobernador. También habría podido sentir la inquietud del hombre y como le fue llenando de ira las palabras del gobernador. Quizás si hubiese sido clarividente pudiera haber visto que en la mente del hombre pasaron todos los recuerdos, desde su lesión en la base, su incapacidad de trabajar, lo dificultoso de hallar empleo y mantener a su familia, las dificultades económicas que habían tenido que pagar ellos como parte del pueblo por la irresponsabilidad del gobierno; el alza en los precios, nuevos impuestos, las crisis de gasolina, promesas políticas vacías y el sentimiento de impotencia que imperaba entre la gente. En ese momento él no podía reconocer a aquel hombre como un líder, sino como un enemigo del pueblo. Solo podía reconocer en aquel hombre a una persona que había roto sus promesas y faltado a la confianza del pueblo.
Por eso el huevo jamás se habría imaginado  que el hombre consumaría su siguiente acto. Quizás pudiera sentir la tensión, y como a raíz de esa tensión el hombre abrió su bolsita y agarró el huevo firmemente y lo lanzó con toda su fuerza en dirección del gobernador. En esos momentos el huevo pudiera haber sentido una exhilarante sensación, como si el tiempo se detuviere por esos instantes. Iba volando en el aire a una velocidad increíble. Iba volando frente a tantos espectadores y frente a tantas cámaras. Su momento de gloria había llegado. A penas el gobernador tuvo tiempo de reaccionar. Pues había bajado la mirada cuando el huevo fue lanzado. Sin tiempo para darse cuenta con que le tiraban, se echó hacia a un lado. El huevo fallando tan sólo por un poco y dando los últimos suspiros de su corta vida (si vida tuviera) manchó el fabuloso cartel del gobernador con su tesoro dorado sobre las palabras: “Gobierno en Acción”, y otro tanto de su preciado líquido salpicó la perfecta camisa y los pantalones finos del gobernador.
Lo que siguió fue un caos indecible. El huevo nunca habría podido ver el salpafuera que causó su gran sacrificio que lo inmortalizaría por generaciones por venir y lo distinguiría de otros insignificantes huevos. Su existencia habría de convertirse en el símbolo de la indignación de un pueblo con hambre de justicia. En efecto, nos recordaría el dicho antiguo: a cada guaraguao le llega su pitirre, también nos recordaría que a cada presidente le llega su chancleta y nos enseñaría que a cada gobernador le llega su huevo.




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